E-book readers para todos Parte I

Odio llevar libros a la facultad, especialmente los más grandes y gordos. Son muy pesados y lo más seguro es que pase toda la clase sin utilizarlos. Sería todo mucho más fácil si la universidad implementase un sistema de libros en formato digital para facilitar su distribución.

La primera clase de Matemática Discreta que tuve en la facultad me di cuenta de una cosa. Esa materia me iba a costar. Así que me decidí a comprarme el libro de la materia, porque solo no iba a poder con ella.

El libro costaba $75, pero el precio realmente no me jodió, si bien esperaba que fuese más barato. Lo que me jodió fue lo gigante que era. Gigante, grueso… y pesado.

Las siguientes clases intenté llevarlo en la mochila, desde la mañana hasta la noche, cargando todo el día ese armatoste a todos lados. No era nada cómodo y, teniendo en cuenta que en las clases tampoco lo sacaba demasiado, lo empecé a dejar en la biblioteca de mi cuarto.

Un par de meses después mi jefe se iba de viaje con su esposa y uno de sus destinos a vistar sería San Francisco donde tenía pensado comprarse el iPad 2 para él y su mujer. Por lo cual, vendería sus iPads viejos y nos daría la oportunidad de comprarlo a nosotros. El costo que deberíamos pagar, un 20% más barato del precio más barato que encontrásemos en Internet.

Para no hacer la historia larga diré que se lo compré en cuatro cuotas… dado mi sueldo actual todavía lo estoy lamentando, y lo lamentaré especialmente el mes que viene que, luego de pasarme con la tarjeta de crédito, estaré a pan y agua sacando dinero de donde no tengo para cubrir los gastos.

Como sea el caso, creía que el tablet podría ayudarme a hacer más ameno el estudio. Un compañero de trabajo mío, se había comprado el iPad con anterioridad y lo llevaba a clases para leer los libros directamente de ahí. Pensé que era buena idea, especialmente teniendo en cuenta la gorda enciclopedia que tenía. El tablet era relativamente pesado, sin embargo era mucho más liviano que el libro.

Busqué en Internet para descargarme una versión digital del mismo. No hubo caso, solo encontraba estudiantes que vendían la versión física, en el mejor de los casos encontraba la versión digital, pero de apuntes del curso de verano que se habían hecho de la materia. Eran útiles, pero no eran lo que buscaba.

En ese momento pensé que, de haber sido posible, hubiera pagado dinero por tener una versión digital. Pero para eso la universidad debía venderlo a ese formato. Entonces pensé «si la institución nos diera la oportunidad a todos de comprarlos digitalmente en lugar de en formato físico, se ahorrarían y nos ahorrarían a nosotros los estudiantes un montón de dinero» y se fue formulando en mi cabeza como debería funcionar un sistema de estas características para rendir frutos.

El Sistema

Cada estudiante podría comprarle a la facultad una copia digital de cada libro que allí tuviesen. Dado que no tienen que costearse el precio del papel y la impresión, serían mucho más baratos y podrían venderse a cinco pesos cada uno, por poner un ejemplo.

Parece poco, pero es mucho más económico para la universidad teniendo en cuenta que, la mayor parte de los libros vendidos no existirían físicamente. Solo serían un archivo digital que se le suministró al estudiante. Durante el resto de los años, solo habría ingresos, no egresos, puesto que no se destinaría dinero a la fabricación de un formato que nadie compra.

Quizás a algunos alumnos preferirían tener en sus manos la edición impresa. Cada cual con su tema, por supuesto, el resto compraría digital pero… pero luego caí en la cuenta de que esos «algunos alumnos» se convertirían en «la mayoría de los alumnos».

Yo tenía un tablet y podía llevarlo perfectamente al salón de clases para leer de manera más cómoda. Pero no todos tenían uno. Era una Universidad Pública, y estaba orientada a dar educación a las clases menos pudientes y las clases menos pudientes no tienen iPad.

Bueno, no necesariamente tenía que ser un tablet. Quizás podía ser un lector de libros electrónicos. Había leído recientemente que los precios de los mismos habían bajado y continuaban bajando paulatinamente. Así que eso podría ser.

Me puse a buscar en Internet cuanto salía uno de estos dispositivos para comprobar que efectivamente eran más baratos. Desafortunadamente la noticia era cierta, siempre y cuando estuvieras en Europa o Estados Unidos. En Argentina, donde el dólar y el euro rondan los cuatro y seis pesos respectivamente, un lector de libros digitales es excesivamente caro. El más barato que encontré costaba $1075.

Era más barato que un tablet, pero seguía siendo excesivamente caro para las clases menos pudientes. Está bien, los estudiantes no tendrían por que ser ellos los que pagasen por los ebook readers. Quizás podría ser el gobierno que se encargase de eso. Como todos sabemos se ha desplegado un plan a nivel nacional para proveer de netbooks a las secundarias del país. ¿Por qué no aplicar lo mismo a los lectores de libros digitales, entonces?

El sistema podría aplicarse a la UTN o a todas las universidades públicas del país para abaratar los costos de estudio de muchos alumnos universitarios. Ya no gastarían grandes cantidades de dinero en montañas de apuntes, fotocopias y libros. A partir de ahora, todo se entregaría en formato digital y, por lo tanto, costaría muchísimo menos.

Es cierto que no es lo mismo repartir netbooks entre estudiantes de secundaria, que por ley están obligados a terminarla, que a estudiantes universitarios, que tienen toda la libertad del mundo para dejar sus estudios en el momento que quieran y por la razón que quieran. Así que rápidamente descarté la idea de dar «regalos».

En principio y, para tener las cosas bien claras, establezcamos el sistema con el que se tendría acceso a los libros digitales. Cada estudiante de la UTN puede acceder a su cuenta de la universidad a través del sitio de la misma. Para ello deberá ingresar su CIP (número de legajo) y la clave SIGMA (la contraseña). Una vez dentro, tendrá acceso a que materias está inscripto, horarios de estas, fechas de finales en los que se anotó, trámites que adeuda, etc.

Hasta ahí todo muy bonito, ese es el sistema con el que funciona actualmente. La idea sería que el alumno compre todos los materiales de estudio ya sea vía Internet, o en la fotocopiadora misma. ¿Cómo? Simplemente entrega sus datos personales, el dinero y listo, desde la cuenta de la facultad ya podrá acceder a todos los materiales didácticos por los cuales haya pagado.

Y estos materiales no son solamente libros, son apuntes dejados por profesores, finales, cuadernillos de trabajos prácticos de la materia, etc. Obviamente, y como ya se dijo antes, para justificar la compra de estos, deberían ser mucho más baratos que su versión física. Por un cuadernillo de trabajos prácticos puedo pagar $14, pero, al mismo tiempo esperaría tenerlo, en su versión digital, a uno o dos pesos MÁXIMO. Los apuntes, finales, todo ese tipo de cosas deberían valer incluso menos, sino ya sería excesivo.

Mediante este sistema, se provee a los alumnos de material de estudio a un precio más accesible. Pero sigue habiendo faltando algo en todo este esquema. ¡¡¡Los Lectores de libros electrónicos!!!

Por supuesto el sistema quedaría incompleto sin los libros electrónicos, porque, al fin y al cabo, si no se tiene un soporte para leerlo en clase, seguiría siendo más rentable llevar el pesado y gordo libro al aula.

Pero de eso se hablará en la siguiente parte del artículo.

Un pensamiento en “E-book readers para todos Parte I

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